Mi primer congreso Wime – Panamá

Corría el año 2023.

Un día cualquiera, revisando Instagram como tantas otras veces, recibí un mensaje que podría haber ignorado. Pero no lo hice.

Un congreso que iba a celebrarse en Panamá me animaba a asistir. Querían que fuera a enseñar mi técnica. Mi técnica de Microblading sin cortes. Algo propio. Algo que, en aquel momento, era aún desconocido en el mundo de la micropigmentación.

Nadi e lo había visto. Nadie lo había probado. Solo yo.

Recuerdo quedarme mirando el móvil, leyendo el mensaje una y otra vez. «¿De verdad quieren que vaya? ¿A un congreso internacional? ¿Con mi técnica?»

Fue una locura. Pero dije que sí.

Lo que vino después fue todavía más loco.

Tuve que gastarme un dineral. Literalmente. Billetes de avión, estancia en Panamá, y además el precio que tuve que pagar para poder mostrar mi técnica delante de todas aquellas personas.

Pero yo tenía claro algo: si iba a hacerlo, quería hacerlo bien. Y bien significa acompañada.

Así que decidí que mi asistenta, Alba, viniera conmigo. Ella es mi sostén, mis manos extras, mi compañera de batallas diarias. Si yo iba a dar el salto, Alba saltaba conmigo.

Más billetes. Más gastos. Más locura.

Pero la vida tiene cosas guardadas. Y no sabemos en qué momento nos las regalará.

Llegó el día del congreso. Hice mi técnica delante de todos aquellos profesionales que miraban con curiosidad, con escepticismo quizás, con ganas de ver qué era eso del «Microblading sin cortes».

No sé si respiraba bien. Solo sé que hice lo que mejor sé hacer. Y lo di todo.

El congreso terminó. La gente empezaba a despedirse. Yo estaba allí, con Alba a mi lado, cuando alguien se acercó a mí.

Era Lismar Duarte, la organizadora.

Me miró a los ojos y me dijo algo que jamás olvidaré:

«Me ha sorprendido mucho tu técnica. Escúchame. Dentro de pocos meses se va a celebrar un campamento en Santa Marta, Colombia. Se llama ILEV Speaker Camp. Solo van a ir 15 profesionales, un grupo selecto para formarles en algo que no teníamos muy claro. Pero dije SI, sin saber realmente para qué era.

¿Puedes creerlo?

Un mensaje de Instagram. Un dineral gastado. Un riesgo enorme.

Y la vida, sin avisar, y sin yo saberlo todavía,  me estaba regalando la oportunidad de mi carrera.

Aquello no fue un congreso cualquiera. Aquello fue mi regalo.

Así que sí, acepté. Por supuesto que acepté.

Pero eso os lo contaré en la próxima entrada.

Próximo capítulo: mi experiencia en el ILEV Speaker Camp en Santa Marta, donde solo 15 profesionales fuimos elegidas para convertirnos en algo muy grande.

No te lo pierdas.

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